Mostrando entradas con la etiqueta Verónica Escalante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verónica Escalante. Mostrar todas las entradas

Silvio Rodríguez en Ferro


Publicado el Lunes, 21 de Noviembre de 2011
Por Verónica Escalante

Una vez comprendí que mi voz no era mía 
que era sólo del mundo, del mar y los días
y la llevé en mi viaje entre amores y horror… 
SR

ADVERTENCIA: La siguiente nota está escrita desde el más ferviente cariño hacia el cantautor más relevante que dio la música popular latinoamericana. Es un agradecimiento profundo, una muestra de amor. Si busca usted objetividad vaya rumbeando para otro lado. 
  
Edgardo, aquel de la trova de, supo decir alguna vez que “hasta en los corazones de los hombres más temerarios hay cuerdas que no se dejan tocar sin emoción”. Algo de eso sabe Silvio Rodríguez que logró, el pasado viernes 18 de noviembre en el Estadio de Ferro, conmovernos hasta las lágrimas, acariciarnos el alma y hacer aflorar esa nostalgia de cosas pequeñas y tontas, de cosas quizá perdidas para siempre que regresan como recuerdos, mariposas que ayer sólo fueron humo.

No tener otra fe que la piel…


Publicado el domingo, 6 de Noviembre de 2011
Por Verónica Escalante

Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”

“Me volveré de hierro para endurecer la piel”. Resonaban esos versos en el final de ¡Átame! Veinte años después, en algún cine bonaerense, ese recuerdo vívido, delirante, enfermizo y genial me ató durante casi dos horas a la butaca, como cuando Ricky hacía lo propio con Marina en aquel último film relevante que hiciera Banderas en España, antes de saltar a la fama hollywoodense.

La Voz Extraña


Publicado el domingo, 30 de Octubre de 2011
Por Verónica Escalante

“La Voz Extraña suele hacer karaoke con nuestros destinos”

Horla City y otros de Fabián Casas fue un raro fenómeno editorial principalmente porque la poesía suele tener mala y poca prensa. En unos meses, desde su aparición en mayo de 2010, agotó su primera edición, fue por más e instaló las preguntas inevitables: ¿Qué tiene su poesía para darnos que no nos hayan dado ya? ¿Para qué me sirven a mí sus palabras agrietadas, que narran la vida de las cosas, el misterio inaudito, cotidiano, inaudible? ¿Qué lo diferencia de otros tantos de su generación?

Siempre nos quedará París


Publicado el viernes, 28 de Octubre de 2011
Por Verónica Escalante

“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.” Hemingway

Uno ya no sabe por dónde empezar a hablar de Woody Allen.  Ha traspasado todos los posibles umbrales, ha traspasado todas las fronteras (las de New York, las de su creación, las del ingenio, las de su propia persona devenida en personaje, ese personaje que se repite cada año, en cada ¿nueva? película) pero sabemos que, después de todo, se ha mantenido siempre en el mismo lugar, en las mismas obsesiones, en el mismo punto de inflexión que va desde  la tierna nostalgia de un mundo perdido para siempre hasta la brutal ironía de la extrema lucidez;  y su mundo es tan personal, dulce y melancólico que uno (otra vez) no puede más que buscar, lleno de esperanzas, en todas sus películas, un detalle, un destello, una marca o palabra para dar, al fin, con la eterna identificación: Woody Allen también soy yo.