Publicado el sábado, 5 de Noviembre de 2011
Por Juan Fernández
“Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del siglo XX. Operan mediante la organización de grandes centros de encierro. El individuo pasa sucesivamente de un círculo cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“ya no estás en la escuela”), a continuación la fábrica, cada cierto tiempo el hospital y a veces, la cárcel, el centro de encierro por excelencia” (DELEUZE: 1999, p 172)
“una sociedad desigual
tiende a reproducir la
desigualdad en todas sus
instituciones”1
“Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del siglo XX. Operan mediante la organización de grandes centros de encierro. El individuo pasa sucesivamente de un círculo cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“ya no estás en la escuela”), a continuación la fábrica, cada cierto tiempo el hospital y a veces, la cárcel, el centro de encierro por excelencia” (DELEUZE: 1999, p 172)
Así
nos sitúa en un marco donde la organización de las instituciones
del estado (los estados) tiende a encerrar a los ciudadanos. ¿Por
qué encerrarlos? Citando a Foucault, para vigilarlos y, de ser
necesario, castigarlos.

